Debate A Fondo - El fascismo como herramienta del capitalismo

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Descripción de Debate A Fondo - El fascismo como herramienta del capitalismo

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Comentarios

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Enfoque Crítico

Compañero Anónimo que nos ha enviado esto: "todos los podcast de extrema derecha tienen capados los comentarios anónimos, a qué esperáis vosotros? capadlos y poned todos los f ios anónimos, a qué esperáis vosotros? capadlos y poned todos los filtros que hayan, como revisar los comentarios antes de publicarlos y cosas así. chao" Tú mismo nos escribes como Anónimo. Buen día para todos

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Enfoque Crítico

Muy buenas a todos, hemos dejado en la descripción de este DAF las recomendaciones de la compañera Ángeles Díez. Gracias compañeros.

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Anónimo

programazo!

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RedMinder

Los nazis siempre al acecho de podcasts comunistas prestos a enmierdar. No sé cómo se entererarán cuando sale uno, pero siempre están ahí hablando mierda, poniendo de manifiesto sus mierda de vidas aburridas aporreando teclados y acusando a los demás de gandules cuando son ellos los que se pasan el puto día en internet mientras sus madres se parten el lomo. Compañeros y camaradas, ni caso a sus provocaciones porque esas es su intención. Los muy gilipollas creen que nos van a hacer creer que el fascismo enmancipará a la clase obrera, nada más lejos de la realidad. En fin, gran programa y esperando los siguientes. Un saludo.

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Tío o tía anónimo de charlas de kilo. Este programa no ha tratado de la revolución rusa ni de los crímenes del colonialismo, sino de la relación entre fascismo y capitalismo. Vete a echar tu mierda erudita a otro lugar.

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Anónimo

En pleno fragor de la revolución bolchevique, con Lenin y Trotzki al mando de la misma, la ciudad de Petrogrado fue escenario de graves convulsiones sociales, que comenzaron en los círculos proletarios de esa localidad, extendiéndose muy pronto a los marineros de la flota del Báltico, vanguardia durante 1917 del levantamiento soviético. El 28 de febrero de 1921, la tripulación del acorazado Petropavlosk emitió una resolución en la que se formulaban las reivindicaciones de la tropa naval, resolución que sería aprobada al día siguiente en el curso de una asamblea de toda la guarnición de Cronstadt. Los principales puntos del programa aprobado eran la reelección de los soviets, la libertad de palabra y de prensa para los obreros, la libertad de reunión, el derecho a fundar sindicatos, y el derecho de los campesinos a trabajar la tierra del modo que lo deseasen. Reivindicaciones, todas ellas, fieles al más puro ideario soviético. Así pues, los marineros de Cronstadt no se sublevaban contra la causa revolucionaria, sino contra el régimen totalitario del Partido Comunista. De hecho, uno de los párrafos de la resolución, cuyo elocuente título era "Por qué luchamos", rezaba así: "Al efectuar la Revolución de Octubre la clase obrera esperaba obtener su libertad. Pero el resultado ha sido un avasallamiento mayor de la persona humana.....Cada vez ha ido resultando más claro, y ello es hoy una evidencia, que el Partido Comunista ruso no es el defensor de los trabajadores que dice ser, que los intereses de éstos le son ajenos y que, una vez llegados al poder, no piensan más que en conservarlo". Como se podrá apreciar, volvían a reproducirse los mismos hechos que ya tuvieran lugar durante la Revolución Francesa, y de nuevo se levantaban los parias para reclamar la "soberanía del pueblo" y los restantes señuelos en cuyo nombre habían sido movilizados contra el régimen anterior. No será ocioso decir que también el desenlace se reprodujo otra vez. El 2 de marzo, Lenin y Trotzki denunciaban el movimiento de Cronstadt y lo calificaban de "conspiración blanca", ordenando acto seguido la provisión de una fuerza de 50.000 hombres que, al mando de Tukhatcchevski, salió para aplastar la revuelta. En la noche del 17 al 18 de marzo, tras encarnizados combates, la expedición punitiva penetró en la ciudadela rebelde defendida por 5.000 marinos y aplastó la insurrección. De entre los supervivientes, una parte fueron fusilados, y el resto trasladados a los campos de concentración de Arkangelsk y Kholmogory. La revuelta de Cronstadt, había declarado Lenin durante el X Congreso del PCUS celebrado en marzo de 1921, "es más peligrosa para nosotros que Denikin, Yudenitch y Koltchak (jefes de la contrarrevolución) juntos". La represión y el gulag fueron instituciones consustanciales al Estado bolchevique desde sus inicios. Así, en una fecha tan temprana como 1925, la cifra oficial de fusilados por el régimen marxista se elevaba a 1.722.747, de los cuales un setenta y cinco por ciento eran obreros, campesinos y soldados. No obstante, y debido precisamente a su carácter oficial, esa cifra no recogía las ejecuciones sumarias ni las muertes ocurridas en las prisiones, y mucho menos aún las masacres colectivas. Según otro recuento igualmente oficial elaborado por el propio régimen leninista, en 1922 había 825.000 personas internadas en los campos de concentración de Kholmo, Kem, Naryn, Mourmane, Tobolsk, Portaminsk y Solovski. Al final de la época estalinista, el balance total de víctimas, incluidas las ocasionadas por las hambrunas provocadas artificialmente, arrojaba una cifra que oscila, dependiendo de las estimaciones, entre los treinta y cinco y los cincuenta y cinco millones de muertos. Todos estos hechos, que incluso todavía hoy se pudren en el silencio, fueron denunciados desde muy pronto por revolucionarios disidentes, si bien sus acusaciones alcanzaron muy escaso eco en el ámbito occidental, ideológicamente colonizado por la nutrida ralea de los pseudointelectuales acomodados de izquierdas, cuya labor se vería propiciada, cuando no auspiciada claramente, por un Sistema capitalista que empezaba ya a explotar la utilidad que, en todos los órdenes, habrían de reportarle los estereotipos "progresistas". La ocultación y la manipulación sistemáticas de lo que realmente significó aquel evento ha sido de tal calibre que, pese a todo lo ocurrido, el mero hecho de proclamarse de izquierdas sigue valiendo todavía hoy como certificado de altruismo para un sinnúmero de fantoches, además de constituir el mejor procedimiento para convertir en éxito la más absoluta mediocridad. Por contra, los individuos íntegros que se atrevieron a denunciar la mascarada criminal fueron metódicamente silenciados y escarnecidos por una jauría de desalmados y medradores que, a cambio de su bajeza, han venido recibiendo la correspondiente recompensa en forma de reconocimiento y de estatus social. Vayan, pues, estas líneas en homenaje y desagravio de André Gide (calumniado y vejado tras sus denuncias de la infamia bolchevique por sus antiguos colegas de La Liga de los "Derechos" del Hombre), de Victor Serge, Boris Suvarin, Panaït Istrati, Artur Koestler y, en fin, de tantos otros militantes de una causa falaz que repudiaron tan pronto como los acontecimientos pusieron de manifiesto que no era la suya. Hubo que esperar al desmoronamiento del bloque marxista para que una pléyade de farsantes se dieran cuenta de evidencias clamorosas que hasta poco antes prefirieron ignorar. Farsantes que ahora abominan de sus pasados planteamientos para abrazar con entusiasmo el nuevo credo progresista-liberal, esa fórmula definitiva en la que ya se amalgaman felizmente la libertad de beneficio y los "valores" de izquierdas. Aunque es lo cierto que, tanto los conversos recientes, como los devocionarios perennes del sistema capitalista que hoy denuncian con afectación los excesos del marxismo, deberían en realidad guardarle reconocimiento público, ya que la labor de disolución en todos los órdenes llevada a cabo por el materialismo marxista no ha hecho más que allanarle el terreno al capitalismo multinacional. Fue necesaria, por tanto, la dictadura jacobina, como lo sería después el totalitarismo soviético, para que el sistema capitalista alcanzara el poderío de que disfruta en la actualidad. Todo lo dicho en el párrafo anterior enlaza directamente con la segunda gran mistificación apuntada al comienzo de este capítulo. Una falacia sostenida, como ya se señalara, por todas las facciones política del Sistema, y en virtud de la cual se presentó al régimen bolchevique como una amenaza mortífera para el capitalismo occidental. De la envergadura de semejante patraña dan buena cuenta, entre otros hechos, las cuantiosos aportaciones realizadas por la Alta Finanza en pro del asentamiento y posterior desarrollo de su "temible" adversario, algunas de las cuales se citan a continuación. El 2 de febrero de 1918, el rotativo Washington Post recogía una breve reseña en la que se consignaba la entrega de un millón de dólares a los dirigentes bolcheviques por parte de la banca Morgan. Un año después, el Anuario Judío reproducía un informe fechado en Londres el 4 de abril de 1919, y firmado por su corresponsal E.R.Fields, en el que se aportaban nuevas y más completas informaciones al respecto. Dicho informe reseñaba las aportaciones a la causa bolchevique del financiero judío-norteamericano Jacob Schiff, patrón de la Banca Khun&Loeb, junto con las de sus asociados y correligionarios Felix Warburg, Otto Kahn, Jerónimo Hanauer, Max Breitung e Isaac Seligman. Con todo, aquel documento no reflejaba al completo el alcance de la red financiera que colaboró en el sostenimiento económico del régimen leninista, ya que, junto a la Banca Khun&Loeb, que figuraba a la cabeza de la causa, operaron también varias entidades bancarias adscritas a la American International Corporation (Chase National Bank, de Rockefeller, National City Bank, J.P.Morgan, Equitable Building, Bankers Club, entre otras). así como diversas Corporaciones Comerciales (Guggenheim Exploration, General Electric, Sinclair Gulf, Stone and Webster, etc). Los fondos económicos enviados a Lenin y Trotzki recorrían un largo circuito bancario hasta llegar a su destino final. Por lo regular, las aportaciones financieras eran canalizadas hasta territorio europeo por Jacob Schiff a través del establecimiento que la banca Warburg poseía en Hamburgo, y esta última, a su vez, las hacía llegar a las diversas cuentas abiertas por los intermediarios de Lenin en varias capitales europeas. Los principales centros de aprovisionamiento fueron Copenhague, donde actuaba como corresponsal recaudador un estrecho colaborador de Lenin llamado Israel Gelphand (más conocido como Parvus), y Estocolmo, ciudad en la que operaba otro fiel auxiliar de Lenin y Trotzki , de nombre Jacob Furstemberg, aunque conocido en la nomenklatura bolchevique como Hanecki. En la capital sueca, la entidad bancaria receptora de los fondos destinados al gobierno soviético era el Nye Bank, dirigido por el financiero judío-ruso Wladimir Olaf Aschberg, quien a la muerte de Jacob Schiff, acaecida en 1920, pasaría a desempeñar un papel similar al desarrollado por éste. En 1921 Aschberg fundó la Banca Comercial Rusa, establecimiento a través del cual se gestionaron entre las dos guerras mundiales buena parte de los empréstitos concedidos por la Alta Finanza internacional a la Rusia soviética. A todo esto deben añadirse las declaraciones públicas de simpatía y los ofrecimientos de ayuda económica ( ayuda que se hizo efectiva de forma cuantiosa) manifestados desde muy pronto al régimen soviético por parte de los dos dirigentes más destacados del área capitalista, el premier británico Lloyd George y el presidente estadounidense Woodrow Wilson. Otro personaje que desempeñó un relevante papel en este asunto fue el financiero judío-nortemanericano Bernard Baruch, quien ya durante el mandato presidencial de Woodrow Wilson le había "sugerido" a éste el sexto punto de la Declaración de Apoyo a la Rusia soviética. Aunque fue en los años de la Administración Roosevelt cuando el peso y la influencia de Baruch alcanzaron su apogeo. Considerado unánimemente como la eminencia gris de la Casa Blanca, así describía el American Hebrew del 1-diciembre-1933 la posición de este banquero en los círculos políticos: "Cuando el presidente de los Estados Unidos sale de vacaciones de verano, Bernard Baruch es oficialmente designado presidente suplente". Una vez concluida la 2ª Guerra Mundial, el ínclito Baruch ocupó la primera presidencia de la Comisión de Energía Atómica, si bien su labor más significativa habría de desarrollarse en el marco de las negociaciones tripartitas mantenidas por los vencedores de la Gran Guerra. Durante la Conferencia de Londres de 1945, reservada a los ministros de Exteriores de las potencias vencedoras, Bernard Baruch se trasladó a la capital británica dispuesto a intervenir, cosa que hizo en efecto. Preguntado por el periodista Victor Lasky sobre las razones de su presencia en dicha reunión, el financiero respondió:"He venido a amenazar a los muchachos grandes con el palo grande para asegurarme de que no estropeen la paz". Una "paz" que, entre otras cosas, incluía la entrega de media Europa al totalitarismo soviético. Después de la 2ª Guerra Mundial, y hasta el momento mismo del colapso del régimen bolchevique, los contactos económicos y comerciales no dejaron de multiplicarse. Bien directamente, ya a través de organismos creados al efecto, fueron varios los trusts económicos del área capitalista que mantuvieron una relación fluida con la URSS, cuya economía llegó a depender en no pocos aspectos de los empréstitos y aprovisionamientos procedentes del bloque occidental. Durante todo ese tiempo el suministro de cereales (trigo en especial) y de todo tipo de equipamientos industriales, sistemas electrónicos, productos petroquímicos, abonos, etc., fue vital para la supervivencia económica de la Unión Soviética, al tiempo que proporcionó sustanciosos beneficios a sus proveedores occidentales. Entre los personajes que se distinguieron en las labores de mediación y ayuda al bloque marxista destacan los nombres del magnate Edgard Bronfman, presidente del Congreso Judío Mundial, y de su correligionario Armand Hammer, otro poderoso financiero cuyos contactos con la URSS se desarrollaron a través de la American Trading Organization, un consorcio comercial controlado por él. No menos digna de mención es la figura del multimillonario estadounidense Cyrus Eaton, que en estrecha colaboración con el clan Rockefeller puso en marcha una sociedad comercial dedicada específicamente a los países del Este. Dicho consorcio estaba formado por la International Basic Economy Corporation, dirigida por Nelson Rockefeller, y la Tower International Inc., encabezada por Cyrus Eaton junior. La asociación de ambas entidades era descrita el 16 de enero de 1967 por el New York Times (diario del Establishment) en estos términos:"El esfuerzo mancomunado de la International Basic Economy y la Tower International puede verse como una combinación de las habilidades inversoras y los recursos de los Rockefeller con el privilegio de que goza la Tower dentro del oficialismo comunista, como resultado de los contactos que a lo largo de los últimos quince años ha venido cultivando Cyrus Eaton senior, recibido siempre como un VIP en los países comunistas". Por otro lado, Cyrus Eaton fue el promotor y organizador de la Conferencia de Pugwash, con la que se iniciaron los contactos periódicos entre las altas esferas científicas de ambos bloques. Otros organismos que destacaron en esas mismas labores fueron el US-URSS Trade and Economic Council (USTECO), y el American Committee on East-West Accord (ACEWA), esta última una entidad adscrita a los círculos de la Comisión Trilateral y creada por iniciativa de varios miembros del poderoso Council on Foregn Relations (CFR) o Consejo de Relaciones Exteriores, cuya importancia se irá viendo a lo largo de las páginas sucesivas. Por lo que se refiere al ámbito europeo, merece destacarse el papel desempeñado en ese mismo sentido por la firma multinacional Royal-Dutch, dependiente del grupo judio-británico Lazard, así como el de los dos principales empresarios de Italia, Giovanni Agnelli, patrón de la Fiat y figura destacada de la Comisión Trilateral, y Carlo de Benedetti, miembro prominente de la comunidad israelita de aquel país. A mayor abundamiento, las cumbres periódicas convocadas por la Comisión Trilateral (una especie de cónclave de grandes Multinacionales) contaron desde el principio con la presencia de un delegado soviético. A esto podría añadirse, entre otras "anécdotas", la consideración de nación más favorecida otorgada por la Administración norteamericana desde comienzos de los años 70 a la Unión Soviética. Cabría significar por último el hecho de que los inicios de la celebrada perestroika se vieron precedidos por una reunión de alto nivel mantenida en Moscú entre una delegación del Comité Ejecutivo de la Comisión Trilateral, con David Rockefeller a la cabeza, y los principales dirigentes soviéticos, con Gorbachov, Yacovlev, Dobrinin, Arbatov y Primakov entre ellos. Por supuesto que se trató de una simple coincidencia. El breve recorrido efectuado a lo largo de este capítulo bastará para constatar la puntualidad con la que se ha desarrollado la célebre dialéctica hegeliana, y cómo de la antítesis de los falsos opuestos (capitalismo y marxismo) ha resultado finalmente el capitalismo multinacional y progresista, que es la síntesis deseada y la fórmula más idónea para impulsar la expansión del modelo socio-económico materialista y consumista vigente en la actualidad. Justamente el modelo que mejor garantiza el dominio absoluto de la oligarquía DE POCOS.

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Anónimo

La supuesta oposición capitalismo vs comunismo ya fue demostrada como un teatro, aquí hay más: J.P.MORGAN LE DA UNA PEQUEÑA AYUDA AL OTRO BANDO Yo no me sentaría a almorzar con Morgan – excepto, posiblemente, para conocer algo de sus motivos y actitudes. William E.Dodd, Diario del Embajador Dodd, 1933-1938 CONCLUSIONES EN CUANTO A LA UNITED AMERICANS ¿Es éste un caso en el que la mano derecha no sabía lo que estaba haciendo la mano izquierda? Probablemente no. Estamos hablando de titulares de compañías, y de compañías eminentemente exitosas si vamos al caso. De modo que la United Americans fue probablemente una artimaña para desviar la atención del público – y del gobierno – de los esfuerzos subterráneos que se estaban haciendo para ingresar al mercado ruso. La United Americans es el único ejemplo documentado conocido por este autor de una organización que asistió al régimen soviético y que, al mismo tiempo, se ubicó al frente de la oposición a los soviéticos. Y esto no es, de ninguna manera, un curso de acción inconsistente y una investigación posterior deberá concentrarse en al menos los siguientes aspectos: a) ¿Existen otros ejemplos de doble discurso por parte de los grupos influyentes generalmente conocidos como “el establishment”? b) ¿Pueden estos ejemplos ser extendidos hacia otras áreas? Por ejemplo, ¿ hay ejemplos de conflictos laborales que hayan sido instigados por estos grupos? c) ¿Cuál es el propósito último de estas tácticas de “movimiento de pinzas”? ¿Pueden ser relacionadas con el axioma marxista de que tesis y antítesis generan una síntesis? Si realmente se acepta esta dialéctica, constituye un enigma el por qué el movimiento marxista habría de atacar frontalmente al capitalismo si su objetivo es un mundo comunista. Porque si el objetivo es un mundo comunista – vale decir: si el comunismo es la síntesis deseada – y el capitalismo es la tesis, entonces la síntesis tiene que ser algo distinto del comunismo y del capitalismo. ¿Podría, por lo tanto, el capitalismo ser la tesis y el comunismo la antítesis, con el objetivo de que los grupos revolucionarios y sus colaboradores constituyan una síntesis de estos dos sistemas para instaurar un sistema aún no definido? MORGAN Y ROCKEFELLER AYUDAN A KOLCHAK Al mismo tiempo en que tenían lugar estos esfuerzos para ayudar a la Oficina Soviética y a la United Americans, la firma J.P.Morgan, que controlaba a la Guaranty Trust, estaba suministrando ayuda financiera en Siberia a uno de los principales oponentes de los bolcheviques: el almirante Aleksandr Kolchak. El 23 de Junio de 1919, el congresal Mason presentó la Resolución del Congreso 132 instruyendo al Departamento de Estado “a realizar una investigación en cuanto a la veracidad total o parcial... de los informes de prensa” que denunciaban que los tenedores rusos de bonos habían utilizado sus influencias para producir “la retención de las tropas norteamericanas en Rusia” a fin de garantizar la continuidad de los pagos de los intereses sobre los bonos rusos. De acuerdo con un memorandum en archivo, producido por Basil Miles, un asociado de William F. Sands, el congresal Mason denunciaba que ciertos bancos estaban tratando de asegurarse el reconocimiento del almirante Kolchak en Siberia a fin de obtener pagos relacionados con anteriores bonos rusos. Luego, en Agosto de 1919, el Secretario de Estado Robert Lansing recibió una carta del National City Bank of New York – perteneciente a la órbita de Rockefeller – solicitando el punto de vista oficial sobre un propuesto préstamo de u$s 5 millones al almirante Kolchak; a lo cual se agrega otra carta de J.P.Morgan & Co. Y otros banqueros solicitando el punto de vista del departamento en cuando a un préstamo adicional de 10 millones de libras esterlinas a Kolchak por parte de un consorcio de banqueros británicos y norteamericanos. {[3]} Lansing le informó a los banqueros que los EE.UU. no habían reconocido a Kolchak y, si bien estaba dispuesto a darle ayuda, “el Departamento no considera que puede asumir la responsabilidad de promover tales negociaciones pero, no obstante, parece no existir objeción al préstamo siempre y cuando los banqueros consideren aconsejable el otorgarlo.” {[4]} Posteriormente, el 30 de Septiembre, Lansing le informó al cónsul general norteamericano en Omsk que “en el interín, el préstamo se efectuó con un curso normal.” {[5]}Un 40% fue tomado por los británicos y el 60% restante por bancos norteamericanos. Dos terceras partes del total habrían de ser gastadas en Gran Bretaña y los EE.UU. y un tercio en dónde el gobierno de Kolchak dispusiese. El préstamo quedó garantizado por oro ruso (de Kolchak) que fue embarcado hacia San Francisco. Las fechas involucradas sugieren que los embarques de oro que hemos visto anteriormente tuvieron lugar como secuela de este acuerdo con Kolchak.  Las ventas de oro soviético y el préstamo a Kolchak también sugieren que la afirmación de Carroll Quigley, en cuanto a que los intereses de Morgan infiltraron la izquierda local, también se aplican a los movimientos revolucionarios y también a los movimientos contrarrevolucionarios del exterior de los EE.UU. El verano de 1919 fue una época de reveses militares para los soviéticos en Crimea y Ucrania; y este cuadro amenazador puede haber inducido a los banqueros británicos y norteamericanos a reparar un poco el vallado de las fuerzas antibolcheviques. La motivación obvia para esto sería la posibilidad de hacer pie en todos los campos y quedar en posición favorable para negociar concesiones y negocios después de que, ya sea la revolución o la contrarrevolución, hubiesen tenido éxito y se hubiese estabilizado un nuevo gobierno. Desde el momento en que el resultado de un conflicto no puede ser previsto en sus comienzos, la idea es apostarle a todos los caballos de la carrera revolucionaria. De este modo, se brindó asistencia a los soviéticos por un lado y a Kolchak por el otro – mientras el gobierno británico apoyaba a Denikin en Ucrania y el gobierno francés iba en ayuda de los polacos. En otoño de 1919 el diario berlinés Berliner Zeitung am Mittag (8 y 9 de Ocubre) acusaba a la firma Morgan de financiar al gobierno de Rusia Occidental y a las fuerzas ruso-germanas en el Báltico, en lucha contra los bolcheviques – ambos aliados de Kolchak. La firma Morgan negó vigorosamente los cargos: “Esta firma no ha tenido en momento alguno discusiones ni reuniones con el gobierno de Rusia Occidental, ni con nadie pretendiendo representarlo.” {[6]} Pero, sin bien la acusación de financiamiento era incorrecta, existe evidencia de colaboración. Hay documentos hallados por los servicios de inteligencia del gobierno de Lituania entre los papeles del coronel Bermondt, comandante del Ejéricto Occidental de Voluntarios, que confirman “las relaciones que se afirman que existen entre el agente de Kolchak en Londres y el círculo industrial alemán que era el soporte de Bermondt.” {[7]} En otras palabras, sabemos que banqueros de J.P.Morgan, Londres y Nueva York financiaron a Kolchak. También existen pruebas que conectan a Kolchak y a su ejército con otros ejércitos antibolcheviques. Y hay escasas dudas en cuanto a que círculos industriales y bancarios alemanes estaban financiando al ejército nacionalista ruso y antibolchevique en el Báltico. Es obvio que los fondos de los banqueros no tienen ninguna bandera nacional.

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Excelente debate, compañeros. Sólo he echado en falta algo de análisis sobre el papel de la Socialdemocracia alemana -quiero decir, la parte de responsabilidad que le tocó- en el desarrollo del nazismo.

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DC

No puede haber paz en este rinconcito. En cuanto a algunos se os nombra la palabra fascismo, acudís encabronaos. Con la de "programazos" que tenéis para disfrutar a cuerpo de rey. Y el otro viene hablar del podemita traidor al mundo obrero. Y se permite el lujo de decir: "Ni lo escuché..." Con la de programitas que tenéis, ya digo, para disfrutar "a ful". Los compañeros que andamos por aquí sabemos quiénes somos y queremos tener la fiesta en paz. No vengáis aquí a encenagar. ¿Qué pasa no alaban el fascismo en vuestros programas favoritos? Qué raro. No quiero dejar de aplaudir el trabajo de los compañeros, que es lo importante. Chapó por el programa. P.D. Juan, también en mi pueblo se dice eso o similar: "Hay algo peor que un pobre harto pan y es un obrero de derechas" Compañero, no puedo estar más de acuerdo contigo.

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Arsnecto

Ni lo escuché, sólo por el título me imagino que lo escribió Pablo Iglesias y por ende debe ser puro detrito. Me espero por el documental sobre el Stalinismo, los terrores de ETA, las. Becas durante la republica, el populismo o el de sastre chavista o el Castrismo.

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